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Graciela Rodríguez: “Lo más difícil es tener un producto listo y no tener dónde venderlo”

La microempresaria tiene claro que no hay que desmotivarse con el primer obstáculo cuando se decide emprender un negocio.

 

 

Graciela Rodríguez se graduó de bachiller del colegio Guadalupano hace 23 años, pero sabía desde pequeña que lo que quería hacer en la vida: Diseñar y crear. Y luego de varios años de estudios superiores en diseño gráfico y varios talleres de costura, administración y manejo de personal, la mitad de su casa de habitación se ha convertido en la fábrica de sus sueños, un taller en el que nació su marca: Gatti.

“Mis hermanos me llamaban Gatti desde pequeña, por decir Graci, de Graciela”, explica.

Entre varias memorias de su niñez, recuerda que cuando era niña jugaba a hacerle sombreros a sus muñecas, le gustaba dibujar y se fue dando cuenta de que le gustaba crear cosas que luego pudiera utilizar. Esa fue la clave de lo que vino después: Diseñar para productos utilitarios.

Recuerda que cuando se graduó de bachiller tomó la decisión de estudiar Diseño Gráfico, porque se dio cuenta de que si para 1994 no se entendía bien en qué podía trabajar un diseñador gráfico, iba a resultarle todavía más complicado explicar en qué área laboral podía desempeñarse si estudiaba Diseño Artesanal.

Ahora que está casada, y es madre de tres hijos, de entre 3 y 9 años, Graciela no solo diseña y crea, sino distribuye y exporta tres líneas de productos: de Hogar: manteles, servilletas de tela, delantales y caminos de mesa; de Accesorios: bolsos para playa, bolsos para picnic, cosmetiqueras y organizadores de carteras; y de Niños: cojines, pañaleras, alfombras portátiles cestos para juguetes y loncheras.

Junto a tres colaboradores, dos operarias y un cortador, la microempresaria tiene en la mira el lanzamiento de su nueva marca: Inki & Nono, exclusiva para productos de la línea de Niños.

Cuando detalla las etapas más difíciles de convertirse en emprendedora, lo primero que señala es el mercado: “Yo he aprendido a no desanimarme a la primera con los obstáculo; al principio me decían en los almacenes que qué lindos mis productos, pero no me llamaban, pero aunque al principio la respuesta sea negativa, he aprendido que las cosas pueden cambiar drásticamente en cuestión de días. A mí que me digan ‘No’ me motiva como no tiene idea”, asegura.

En la actualidad distribuye sus productos en Almacenes Simán, una cadena con la que ha logrado exportar a Centroamérica. Y parte de su éxito se lo debe al programa de la Organización No Gubernamental Voces Vitales, que por medio de la asistencia técnica, talleres, capacitaciones y charlas, fortalece las habilidades de las mujeres en emprendimiento, autoestima, liderazgo, mercadeo y desarrollo de planes de negocios.

Jose Alejandro Ibarra
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