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“Los sueños que teníamos, Dios nos los ha cumplido”

La dinastía de los Cerén es una de las más representativas en el fútbol nacional en los años recientes. Cuatro hermanos, todos ellos futbolistas, llenan de orgullo no solo al país y a su ciudad natal, Quezaltepeque, sino también a una dedicada madre de familia que ha dado su tiempo y sus energías exclusivamente ellos, a fin de formarlos no solo como excelentes deportistas, sino también como personas ejemplares.

Delia Delgado de Cerén ha visto crecer, desarrollarse y consagrarse a sus cuatro retoños: Darwin, centrocampista del San José Earthquakes de la MLS; Óscar, volante de Alianza en Primera División, y sus hijas Paola y Brenda, quienes juegan también como mediocampistas en la filial femenina del cuadro albo.

Cada uno de ellos ha destacado con importante éxito, demostrando una capacidad técnica natural y que evidentemente viene en los genes.

Pero lo más importante que les ha dejado, ha sido su guía espiritual como madre: “He influido que ellos tengan valores, amen a Dios sobre todas las cosas y puedan ayudar al prójimo como se pueda”.

Delia practicó fútbol y sóftbol desde joven. Su afición por el deporte rey fue heredada por sus hijos, quienes desde pequeños le hallaron rápido gusto al esférico en las canchas quezaltecas y demostrando todas sus cualidades en distintas categorías. Pero ha sido a través de sus hijos como Delia se ha dado cuenta de lo difícil que es hacerse de un lugar en el deporte, cosa que ha sido posible gracias a su dedicación como madre, a la educación en valores tales como la perseverancia, la humildad y la solidaridad. “Me siento contenta de poder ver a los hijos de mis hijos crecer y ayudarles a educarlos como yo lo hice, para que el día de mañana sean igual o mejor que ellos”.

En la casa, los varones (Darwin y Óscar) siempre se enfocaron en el fútbol. A las niñas (Paola y Brenda), las ponían de arqueras y así les fue gustando. Eran las únicas mujeres que jugaban en Quezalte”.

Jose Alejandro Ibarra
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